El Paciente Interno
Documental mexicano dirigido por Alejandro Solar Luna, con un guión del mismo Solar, a partir de la investigación periodística de Gustavo Castillo García, estrenado en 2012 y producido como parte del programa de operas primas del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El documental describe las condiciones en las que vivió Carlos Castañeda de la Fuente, a partir de que en 1970 a los 29 años intentó matar, al entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz como venganza por los hechos ocurridos en Tlatelolco dos años antes y que a partir de su captura sufrió: tortura, indiferencia, injusticia y negligencia administrativa.
La idea del proyecto inicia cuando el documentalista Alejandro Solar, se encuentra con una nota periodística en La Jornada (17 y 18 de abril de 2004) del periodista Gustavo Castillo García, con el título: “Fallido agresor de Díaz Ordaz pasó 23 años en un siquiátrico”. Castillo se había enterado de que la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) (2002-2007), estaba investigando casos de violaciones de derechos humanos durante la llamada “guerra sucia” de los años 1968 a 1971. La fiscalía había acudido a hospitales psiquiátricos para buscar en sus expedientes huellas de desaparecidos. Fue así como se encontró con el caso de Carlos Castañeda de la Fuente y decidió publicar una nota en el periódico en que trabajaba, La Jornada.
El primer paso de Alejandro Solar fue acercarse al periodista y después realizar su propia investigación en diferentes registros, como los del IFAI y el Archivo General de la Nación; en esa búsqueda se encontró con la abogada Norma Ibáñez, quien tomó el caso de Castañeda, durante su reclusión, y quien se volvió una suerte de protectora para él.
En 1992 Norma Ibáñez, pasante de Derecho, se presenta en el Hospital Psiquiátrico Samuel Ramírez Moreno con el fin de reunir material para una tesis, y se encuentra con el expediente de Castañeda, el cual tiene una serie de irregularidades. Después de encargarse del caso, ella logra que en 1993 Carlos Castañeda sea liberado del hospital después de 23 años de encierro. Al salir del hospital, su hermano Pedro, intenta que viva en su casa, sin embargo, antes de dos meses Carlos decide salir de esta casa y volver a las calles.
Solar pasa 4 años buscando a Castañeda, sin lograr encontrarlo, por lo que decide iniciar el proyecto. Sorpresivamente lo encuentra y le pide entonces su autorización para realizar un documental sobre su historia. En 2009 inicia la realización del documental con el ingreso de Carlos Castañeda a un Centro de Asistencia Social y así a e inicia un relato sobre su recorrido desde su captura hasta su salida y posterior sobrevivencia en las calles pidiendo limosna.
La historia de Carlos Castañeda de la Fuente inicia un 5 de febrero de 1970, cuando intenta asesinar al entonces presidente de la república, Gustavo Díaz Ordaz como venganza por la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Cuarenta años después, Castañeda sobrevive al castigo desmedido del gobierno y vaga sin rumbo por las calles de México pidiendo limosna. A partir de una investigación periodística de Gustavo Castillo García, se conoce esta historia, la cual cuenta que el único disparo que hizo con su arma, una Luger, se incrusta en un vehículo en el que no iba el presidente sino el general Marcelino García Barragán, en ese momento, secretario de la Defensa Nacional. Castañeda de la Fuente es detenido por elementos del Servicio Secreto y Guardias Presidenciales y más tarde, entregado al titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) el capitán Luis de la Barreda Moreno y este a su vez lo entrega a Miguel Nazar Haro quien lo sometió a terribles torturas. Pasó 4 meses detenido y sin ningún tipo de proceso es enviado sin juicio ni sentencia al hospital psiquiátrico Samuel Ramírez Moreno. El expediente de este caso formó parte de las investigaciones de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado. El documental finaliza con unos instantes de Castañeda deambulando por las calles, sobreviviendo. Después de estrenar el documental, Solar pierde el contacto con Castañeda y sólo sabe que sigue en las calles, sin embargo, después se sabría que Castañeda murió atropellado en enero de 2011.
Este trabajo se estrenó el 2 de marzo del 2012 en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el 3 de octubre del 2013 en la Cineteca Nacional y el 4 de octubre, de ese mismo año, en 15 salas comerciales. Fue nominado a un Premio Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, en 2013, en la categoría de Mejor Largometraje Documental.
Carlos Castañeda de la Fuente, el hombre que el Estado desapareció
Carlos Francisco Castañeda de la Fuente nació el 2 de mayo de 1941, tuvo 3 hermanos, sus padres fueron cristeros, por lo que fue formado en un ambiente tan religioso que a los 25 años quiso ser sacerdote, pero debido a los escases de recursos de su familia, no tuvo la cantidad de dinero que exigía la Compañía de Misioneros de Guadalupe, para su ingreso. Sus padres mueren, entre 1958 y 1963, por lo que debe abandonar sus estudios y dedicarse a diversos trabajos. Sin embargo, a los 29 años termina la secundaria abierta y decide en ese año, 1970, vengar la matanza de Tlatelolco ocurrida 2 años atrás, por lo que decide que Gustavo Díaz Ordaz debe morir. Un compañero de estudios de la secundaria le había regalado un libro: “Héctor” (1930) de Jorge Gram (seudónimo del sacerdote David Ramírez), uno de los primeros que se publicaron sobre la guerra cristera (1926-1929) que habla del prototipo del joven cristero. De esa publicación Castañeda memorizó, sobre todo, dos ideas principales: “….detrás de cada movimiento hay un hombre dispuesto a dar la vida para influir en él” y “….gastados todos los medios, se usan las armas”, frases que cuando es detenido y al repetirlas ante las autoridades, le dieron el estatus de “enfermo mental”.
El 5 de febrero de 1970 supo que el todavía presidente Gustavo Díaz Ordaz asistiría a un evento en el Monumento a la Revolución y resolvió entonces que ese día mataría al presidente antes de que terminara su gobierno. Había adquirido una pistola Luger 38 de 6 tiros y se dirigió al Monumento a la Revolución por donde sabía que pasaría la caravana del presidente. Cuando se encontró a una distancia muy corta, se dio cuenta que podía herir a otras personas, cambio entonces de ubicación y al ver acercarse un vehículo, disparó, pero ahí no iba Díaz Ordaz sino el secretario de la Defensa Nacional el general Marcelino García Barragán, quien resultó ileso.
Lo detienen inmediatamente sin que el oponga alguna resistencia y lo llevan a la Dirección Federal de Seguridad (DFS), ubicada a 3 cuadras del Monumento a la Revolución, donde lo interrogan y torturan por 10 días. También destruyen el departamento en el que vivía con sus hermanos y se llevan a dos de ellos a quienes igualmente golpean, durante 8 días, para saber si actuó solo o formaba parte de un complot. Más tarde, llevan a Castañeda al Campo Militar no. 1 donde también es torturado y confinado por 4 meses. Ante un delito como que el que él cometió y confesó, lo consecuente era llevarlo a proceso penal, sin embargo, deciden obligar a sus hermanos a presentar y firmar una solicitud para declararlo en estado de intervención y lo determinan loco, encerrándolo en el hospital psiquiátrico Samuel Ramírez Moreno. Inicialmente lo encerraron en una celda construida especialmente para él, conocida como: “Pabellón 6”, donde lo mantenían completamente aislado y vigilado durante todo el día por agentes de la Secretaría de Gobernación, además de suministrarle todo el tiempo, antipsicóticos lo que a la larga le causa daños físicos y mentales permanentes, en estas condiciones permaneció 4 años.
Al sacarlo del Pabellón 6, es encerrado en el “Pabellón 5” donde se encontraban los enfermos violentos o rebeldes, durante otros 19 años. Tal vez Castañeda hubiera muerto encerrado en el hospital, de no ser por una pasante de Derecho, Norma Ibáñez que, buscando material para su tesis sobre enfermedades mentales desde el punto de vista criminológico, conoce el caso de Castañeda. En sus primeras investigaciones, la abogada se da cuenta que, a pesar de llevar más de 20 años en el hospital, no existe un expediente judicial, sólo hay notas y entrevistas médicas, pero no hay ningún documento por parte del Estado, era “como si no existiera”. Sin embargo, su expediente era poco menos que tétrico: cuadro psicótico crónico, esquizofrenia, ideas delirantes religiosas y de tipo crónico. Además de profeta, él aseguraba que era apolítico, asexual y condenaba la masturbación.
Ibáñez logra que Castañeda sea liberado después de 23 años de encierro y trato de enfermo mental. Al salir del hospital su hermano Pedro lo lleva a vivir a su casa, sin embargo, antes de dos meses, vuelve a las calles viviendo como indigente, pidiendo limosna.
Carlos Castañeda acostumbraba estar en la llamada Plaza del Estudiante, ubicada entre La Lagunilla y Tepito, donde lo conoce una trabajadora social que trabajaba en el Centro de Asistencia Social, después de años de tratar de convencerlo para que dejara la calle, finalmente en 2009 Castañeda se decidió a ingresar al Centro (con estas imágenes inicia el documental de Alejandro Solar). El lugar constaba de diversas reglas las cuales siguió por un tiempo, pero después de un poco más de un mes ya no quiere estar en el lugar y regresa a las calles. Pasa un tiempo más la calle hasta el 4 de enero de 2011 cuando es atropellado por un vehículo que huye del lugar.
Puede decirse que Carlos Castañeda murió dos veces: la primera, en febrero de 1970 al no ser procesado penalmente cuando intentó matar a Díaz Ordaz, el Estado mexicano le impuso una muerte civil al recluirlo 23 años en un hospital psiquiátrico; la segunda, el 4 de enero de 2011 cuando es atropellado.
La historia de Castañeda, a pesar de la intención gubernamental de dejarla en el olvido, ha sido tratada en diversos medios: en una entrevista al periodista Eduardo Monteverde que más tarde fue incluida con el título: “Yo intenté matar al presidente”, dentro del libro Lo peor del horror (2005). En ella Castañeda relata:
“Primero me llevaron a la Federal de Seguridad, a unas cuadras en la misma plaza. Me preguntaron: ‘¿Quién te pagó, mandó u ordenó?’ Nadie, les contesté. Luego me tuvieron diez días en el Campo Militar Número 1. Fue cuando me dijeron que cómo quería morir, si quemado o fusilado. Les respondí que, en el paredón, como un último deseo. Me dijeron que me agachara, me pusieron una pistola en la cabeza y les dije que eso no era fusilar. No me temblaba ni la voz ni el pulso”.
El cronista Fabrizio Mejía Madrid dentro de su libro Salida de Emergencia (2007), con el texto titulado «Un hombre borrado», en el que relata en primera persona los experimentos con psilocibina y fenciclidina a los que fue sometido:
“En febrero de 1971 me pusieron esa inyección. Sentía torcidos los nervios de los pies y la mandíbula. Sentía desesperación, tenía miedo, lloraba. Ocho horas duró el efecto. Me dieron medio “Artane” porque me quitaba la ropa y me retorcía en una cobija en el suelo. En cuatro horas me tranquilicé, pero después me sentí otra vez desesperado, con miedo. El efecto me rebotó como durante un mes, pero iba disminuyendo lo que sentía”.
En 2012 se estrena el documental El paciente interno del documentalista Alejandro Solar, que expone con diversos testimonios: periodista, abogada, médicos y enfermeros del hospital psiquiátrico, su hermano Pedro Castañeda, etc., el caso de Carlos Castañeda de la Fuente.
En 2023 se publica el libro: Que nunca se sepa. El intento de asesinato contra Gustavo Díaz Ordaz y la respuesta brutal del Estado mexicano, de José Ramón Cosío, quien fue ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (2003-2018) y actualmente es columnista en los periódicos El País y El Universal y colaborador regular de la revista Proceso. Este libro, es una magna investigación y reconstrucción del caso: el de un delito que fue «castigado» con un aluvión de crímenes, crueldades y barbarie.
La historia de Carlos Castañeda es una prueba de la violación de derechos humanos, de él y su familia, por parte del Estado y, sobre todo, se registró el uso político: del derecho, de los medios de comunicación (ya que ningún medio escrito o televisivo publicó alguna nota sobre el caso) y lo más grave: el uso político de la psiquiatría. También demuestra que, durante los gobiernos, entre los años 60 y 80 no sólo se combatió a grupos de inconformes con el régimen, sino que hubo individuos a los que se les aplicó todo el poder del Estado.
Para concluir, queda en el aire una duda planteada por Alejandro Solar: ¿Por qué no lo mataron?, podría haber sido lo más fácil, pero principalmente, era lo que se estilaba en la época.
Referencias:
https://www.filmaffinity.com/es/film474158.html
El asesinato fallido de Díaz Ordaz – Reporte Indigo

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