Las Poquianchis

Las Poquianchis

Continuamos con Septiembre y las historias que han sucedido en México, la que hoy abordamos es una de las historias más negras del México de los 60.

Película de 1976, dirigida por Felipe Cazals, con un guion de Tomás Pérez Turrent y Xavier Robles. El guion está basado en un caso de la nota roja de los años sesenta del siglo XX. Tres hermanas dueñas de cantinas y prostíbulos en los estados de Jalisco y Guanajuato, mantienen una red de prostitución solapada por autoridades corruptas de diferentes niveles en los gobiernos municipales y estatales. El film se centra en la historia de las hermanas María (Tina Romero) y Adelina (Diana Bracho) a quienes el padre prácticamente las vende debido a la extrema pobreza en la que viven. El argumento para convencer a los padres, de las elegidas, era prometerles un trabajo seguro y bien pagado como criadas. Lo que las hermanas encuentran son violaciones, golpes, encierros y torturas para obligarlas a ejercer la prostitución, para ello las dejan con la prostituta Santa (Pilar Pellicer), después de ser violadas por dos hombre que trabajan para las Poquianchis, ellas aceptan prostituirse.

Una de las pupilas de las Poquianchis logra escapar de su encierro y las denuncia. Cuando las autoridades llegan al lugar de su encierro, encuentran varios cadáveres enterrados clandestinamente.

Como dato curioso, el nombre original completo del film era: Las poquianchis (De los pormenores y otros sucedidos del dominio público que acontecieron a las hermanas de triste memoria a quienes la maledicencia así las bautizó).

La película obtuvo 4 nominaciones al Ariel, llevándose María Rojo el de Mejor Coactuación Femenina.

Las Hermanas González Valenzuela, asesinas seriales

Las Poquianchis

Nombre con el que fueron conocidas las hermanas González Valenzuela y que fueron famosas al conocerse como criminales durante los años 60’s. El número de sus víctimas oscila entre 90 y 150, que incluían mujeres que trabajaban para ellas, los bebes de algunas que llegaban a quedar embarazadas y clientes de sus negocios.

Entre los delitos que se les imputaron, estaban: lenocinio, tráfico de personas, prostitución, corrupción de menores, asesinato e inhumación ilegal de restos humanos, entre otros, siendo condenadas a 40 años de prisión.

María del Carmen, Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela, nacieron y crecieron en El Salto, Jalisco. Fueron hijas de un juez de acordada (durante el porfiriato, eran una especia de policías al margen del sistema judicial) alcohólico, que maltrataba a su esposa e hijas a quienes obligaba a presenciar la tortura o incluso ejecuciones de detenidos, cuando eran niñas. Su madre era una fanática religiosa que las llenó del miedo y culpas clásicas de la religión, Existe dos versiones, una dice que el maltrato del padre llegó a tanto que encarceló por un año a la madre de las poquianchis, la otra, que fue a una de ellas, que al huir de su casa con un novio, el padre la castigó metiéndola a la cárcel, después de ésto, el padre mató a una persona y tuvo que huir, la hija se le olvidó y la dejó alrededor de un año presa

A mediados de los años treinta Delfina, María del Carmen y María de Jesús consiguieron trabajo de obreras en una fábrica de hilados y tejidos. Un trabajo que era muy pesado y mal pagado, por lo que pronto lo dejaron.

María del Carmen conoció en 1938 a un hombre con antecedentes criminales Jesús Vargas, conocido como “el Gato”. Entre los dos establecieron una cantina que funcionó bien por un tiempo, sin embargo, poco después debido a la mala administración de Vargas tuvieron que cerrar, para esto, las hermanas ya habían aprendido el manejo del negocio.

Delfina instaló en El Salto, Jalisco su primer burdel al que llamó El Guadalajara de Noche, que, sin embargo, fue clausurado en 1941 debido a una riña que terminó en balacera. Por lo que se ve en la necesidad de trasladarse a San Juan de los Lagos, Jalisco, instalando otro prostíbulo con el mismo nombre. En ese negocio, emplea a sus hermanas: a Carmen la pone a cargo de la cocina y a María Luisa le encarga la caja registradora. Alternativamente, Carmen les vende ropa, comida y otros objetos a las pupilas manteniéndolas endeudadas indefinidamente.

La forma de reclutamiento que desarrollaron estas mujeres consistía en visitar las rancherías más pobres y prometerles a los padres de niñas que iban de los 12 a los 15 años, que tendrían un trabajo seguro y bien pagado. Por lo que los padres no ponían reparos ante la promesa de una mejor vida para sus familias.

Sin embargo, al llegar las niñas al negocio de las hermanas González Valenzuela, se encontraban con violaciones, golpes, torturas y falta de alimentación, con lo que lograban que las niñas se sometieran para cumplir con su papel de prostitutas.

Cuando las niñas llegaban a la edad de 25 años, se les consideraba “viejas” y eran entregadas a Salvador Estrada Bocanegra, alias “el Verdugo”, quien las encerraba sin comida ni agua y además las sometía a periodos de golpes y torturas, hasta que estas mujeres morían en consecuencia, siendo enterradas clandestinamente, al igual que sus bebes, cuando llegaban a quedar embarazadas.

Según las fuentes policiales, las Poquianchis, no mataban personalmente, para eso se servían de personajes siniestros a su servicio como Francisco Camarena García y Enrique Rodríguez Ramírez, choferes, José Fasio Santos quien era velador y cuidador de los ranchos en que mantenían cautivas a las niñas. Además, algunas de las pupilas que no corrieron con la suerte de ser asesinadas, se convirtieron de víctimas a cómplices y terminaron siendo celadoras y castigadoras, de sus compañeras para así lograr sobrevivir, entre ellas estaban: María Auxiliadora Gómez, Lucila Martínez del Campo, Guadalupe Moreno Quiroz, Ramona Gutiérrez Torres, Adela Mancilla Alcalá y sobre todo Esther Muñoz, alias “la picochulo”. Pero, el más oscuro de estos personajes fue Hermenegildo Zúñiga conocido como “el Capitán Àguila negra”, quien fungía como guardaespaldas, cuidador del burdel y además era amante de Delfina.

Ante el éxito del negocio, las hermanas decidieron expandirse: en San Francisco del Rincón, Guanajuato, instalaron otro burdel con el mismo nombre de El Guadalajara de Noche y en León compraron un local que había sido de un hombre al que apodaban El Poquianchis, y así era conocido el negocio, y a pesar de que las hermanas lo rebautizaron como La Barca de Oro, la gente lo siguió llamando Poquianchis, pasando el sobrenombre a las hermanas González Valenzuela.

En 1961 inicia su gestión como gobernador de Guanajuato, Juan José Torres Landa quien decide prohibir la prostitución y por lo tanto clausurar las casas de citas existentes y negar el permiso para el establecimiento de nuevas. Las poquianchis, empiezan a tener problemas para seguir con el funcionamiento de sus negocios y al año siguiente, en que cambian autoridades a nivel municipal, deciden irse con sus pupilas a un rancho que recién habían comprado, de nombre Loma del Ángel, también en Guanajuato. Ahí mantuvieron encerradas a sus pupilas por varios meses casi sin comida, hasta que una de ellas, Catalina Ortega, logra escapar y llegar a León, donde denuncia a las Poquianchis. Y así, en 1964 las autoridades llegan al rancho donde rescatan a 17 mujeres y algunos niños que habían dejado vivos, además de cuerpos enterrados, calculando un número de entre 90 y 150.

María Luisa González Valenzuela, quien se encontraba en Veracruz y ya no participaba de los negocios de sus hermanas, acude a Irapuato, a donde las tienen encerradas para verlas y es aprehendida, acusada y sentenciada junto con ellas a 40 años de cárcel.

Carmen, la hermana mayor había muerto en 1949 a causa del cáncer. María Luisa muere en el manicomio de la prisión en 1984. Delfina muere en 1968 debido a un fuerte golpe en la cabeza, al caerle un cubo lleno de cemento que tiraron descuidadamente unos albañiles que estaban trabajando en la prisión. Por su parte, María de Jesús, sale de la cárcel en 1984 y no se sabe más de ella.

La historia de las hermanas González Valenzuela ha originado una serie de   expresiones artísticas:

En 1976 se estrena la película Las Poquianchis, dirigida por Felipe Cazals

La novela Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia de 1977, es un gran ejemplo de interacción entre crónica y género policial.

En 1980 se publica el libro Yo la poquianchis, ¡por Dios que así fue!, un trabajo periodístico de Elisa Robledo, a través de una serie de entrevistas de la periodista con una de las hermanas González Valenzuela, María de Jesús.

En el teatro, se estrena en 2001 Serafina y Árcangela, una ópera cómica dirigida por René Arevena y basada en la novela de Jorge Ibargüengoitia, Las muertas; en 2016 se presenta por primera vez, el musical: Los gritos mudos de las voces muertas, creada y dirigida por Alexandro Celia.

En televisión también se abordó el tema de las Poquianchis: en la serie Mujeres asesinas, se presentó al final de la tercera temporada (2010) el episodio “Las Cotuchas, Empresarias”. Con las actuaciones de María Rojo, Patricia Reyes Síndola y Pilar Pellicer como las criminales hermanas.

Referencias:

https://mty.telediario.mx/tendencias/las-poquianchis-las-mayores-asesinas-seriales-en-la-historia-de-mexico

https://www.infobae.com/america/mexico/2021/01/31/prostitucion-ritos-satanicos-corrupcion-y-mas-de-100-asesinatos-la-brutal-historia-de-las-poquianchis/

https://www.eluniversalqueretaro.mx/vida-q/16-06-2017/el-valor-de-saber-sobre-las-poquianchis

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