El Exorcista (1973)

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Cuando la realidad se convirtió en una de las películas más aterradoras de la historia

Hay películas que nos asustan mientras las vemos y otras que nos inquietan todavía más cuando descubrimos que detrás de ellas existe una historia real. El exorcista pertenece, sin duda, a la segunda categoría.

En 1973, el director William Friedkin llevó a la pantalla una historia que cambiaría para siempre el cine de terror. Una niña de apenas doc inquietante antecedente ocurrido más de veinte años antes, en Estados Unidos.

Porque sí, aunque la película es una obra de ficción, William Peter Blatty, autor de la novela en la que está basada, encontró inspiración en un supuesto caso de posesión demoníaca ocurrido en 1949.

Pero vayamos por partes.

La película

El exorcista (The Exorcist) se estrenó el 26 de diciembre de 1973, bajo la dirección de William Friedkin y con un guion escrito por William Peter Blatty, quien también fue el productor de la cinta.

El reparto estuvo encabezado por Ellen Burstyn, en el papel de Chris MacNeil; Linda Blair, como su hija Regan; Jason Miller, como el padre Damien Karras, y Max von Sydow, interpretando al padre Lankester Merrin.

La historia comienza en Irak, donde el sacerdote y arqueólogo Lankester Merrin participa en una excavación. Durante el trabajo encuentra una pequeña figura del demonio Pazuzu, además de otros objetos que parecen anunciar algo siniestro. Merrin, un hombre que conoce muy bien las antiguas creencias y los rituales religiosos, parece comprender que algo está por suceder.

Mientras tanto, en Washington D. C., Chris MacNeil, una reconocida actriz de cine, vive con su hija Regan, de doce años, en una casa ubicada en Georgetown. Su vida parece transcurrir con normalidad hasta que la niña comienza a experimentar cambios de comportamiento.

Al principio, Chris piensa que se trata de problemas propios de la edad o quizá de alguna situación emocional. Regan comienza a hablar de un personaje imaginario llamado Captain Howdy, con quien se comunica a través de una tabla Ouija. Después aparecen comportamientos cada vez más extraños: movimientos involuntarios, cambios en su voz, expresiones obscenas y una fuerza física que parece imposible para una niña de su edad.

Su madre, preocupada, la lleva con distintos médicos. Se realizan estudios, consultas y tratamientos, pero nadie consigue explicar lo que sucede.

La situación empeora. Regan presenta una transformación física y psicológica aterradora, mientras ocurren fenómenos inexplicables dentro de la habitación. Finalmente, ante la desesperación de Chris, la posibilidad de una posesión demoníaca comienza a tomar fuerza.

Es entonces cuando interviene el padre Damien Karras, un sacerdote jesuita que también es psiquiatra y que atraviesa una profunda crisis de fe. Después de evaluar el caso, solicita la intervención de un sacerdote experimentado en exorcismos: el padre Merrin.

Los dos religiosos se enfrentan a una presencia que parece conocer sus debilidades y que no solamente amenaza la vida de Regan, sino también su propia fe.

La película combina el terror sobrenatural con un conflicto profundamente humano: la desesperación de una madre que no puede salvar a su hija y la lucha de un sacerdote que ha dejado de creer en aquello que representa.

Y aquí hay algo que vale la pena destacar: más allá de los efectos especiales, las escenas grotescas y los momentos que hicieron famosa a la película, uno de sus mayores aciertos es la manera en que construye la angustia. Primero nos muestra una situación que podría tener una explicación médica y, poco a poco, nos conduce hacia algo que parece escapar de toda lógica.

El caso real: un adolescente y un supuesto exorcismo en 1949

La inspiración de William Peter Blatty se remonta a 1949, cuando todavía era estudiante de la Universidad de Georgetown.

En agosto de aquel año, el periódico The Washington Post publicó una noticia sobre un adolescente de catorce años que supuestamente había sido liberado de una posesión demoníaca después de una serie de exorcismos realizados por sacerdotes católicos.

El joven fue conocido durante mucho tiempo bajo el seudónimo de Roland Doe, aunque también se utilizaron otros nombres ficticios, como Robbie Mannheim, para proteger su identidad.

Según los relatos que circularon sobre el caso, todo comenzó después de la muerte de una tía muy cercana al muchacho. Ella tenía interés en el espiritismo y, de acuerdo con algunas versiones, había introducido al adolescente en el uso de la tabla Ouija.

Después de su fallecimiento, la familia comenzó a notar comportamientos extraños en el joven. Se hablaba de ruidos inexplicables, golpes en las paredes, objetos que se movían y muebles que parecían desplazarse por sí solos.

También se reportaron arañazos y marcas en su cuerpo, además de episodios de agitación y comportamientos violentos.

La familia, preocupada por lo que estaba ocurriendo, buscó ayuda religiosa después de que los intentos por encontrar una explicación no resolvieran la situación.

El caso llegó a conocimiento de sacerdotes jesuitas, quienes participaron en una serie de rituales de exorcismo.

Uno de los religiosos más vinculados al episodio fue el padre William S. Bowdern, de la Compañía de Jesús. También participó el padre Raymond Bishop, quien llevó un diario en el que registró acontecimientos relacionados con el proceso.

De acuerdo con las crónicas de la época, durante los rituales el adolescente gritaba, pronunciaba palabras obscenas y reaccionaba violentamente. Algunos relatos aseguraban que hablaba en latín, idioma que supuestamente no conocía.

Se llegó a hablar de entre veinte y treinta sesiones de exorcismo antes de que los sacerdotes consideraran que el joven había sido liberado.

Uno de los documentos más importantes para reconstruir lo ocurrido fue precisamente el diario de Raymond Bishop, que posteriormente sirvió como material de referencia para investigar el caso.

Sin embargo, hay que hacer una aclaración: gran parte de los acontecimientos extraordinarios fueron relatados por personas vinculadas a la familia o a los sacerdotes. No existe una comprobación independiente de que el adolescente estuviera poseído por una entidad sobrenatural.

De un supuesto exorcismo a una novela de terror

Cuando William Peter Blatty conoció la noticia publicada por The Washington Post, quedó profundamente impresionado.

La historia ocurrió relativamente cerca de Georgetown, donde estudiaba, y despertó su interés por la posibilidad de que una experiencia de ese tipo pudiera convertirse en una novela.

Años después, cuando ya trabajaba como escritor y guionista, decidió desarrollar la idea.

En 1971 publicó The Exorcist, una novela que rápidamente llamó la atención por su combinación de religión, psicología, medicina y terror sobrenatural.

Blatty tomó como punto de partida el caso de 1949, pero realizó cambios importantes. En lugar de un adolescente, creó a Regan MacNeil, una niña de doce años. También desarrolló personajes, situaciones y conflictos que no correspondían necesariamente con los acontecimientos del caso original.

La novela fue adaptada al cine apenas dos años después, con el propio Blatty a cargo del guion y la producción.

Y así nació una de las películas más influyentes del género.

¿Qué ocurrió realmente con el joven?

Durante décadas, la identidad del adolescente se mantuvo en secreto. Sin embargo, investigaciones posteriores permitieron conocer más detalles sobre su vida.

En 2021 se reveló públicamente que el joven era Ronald Edwin Hunkeler, quien había fallecido en 2020.

De acuerdo con la información que se conoció sobre su vida adulta, estudió ingeniería y llegó a trabajar durante varias décadas para la NASA, participando en actividades relacionadas con el programa espacial estadounidense.

Una vida muy distinta a la que podría imaginarse para alguien cuya infancia quedó asociada a uno de los relatos más famosos de supuesta posesión demoníaca.

También existen diferencias entre los relatos originales, las reconstrucciones posteriores y la versión que terminó popularizándose. Incluso la ubicación exacta de algunos acontecimientos ha sido objeto de correcciones históricas.

El investigador Henry Ansgar Kelly, especialista en historia religiosa, ha cuestionado varias de las afirmaciones extraordinarias que se hicieron sobre el caso. Según su investigación, algunos de los episodios más espectaculares que aparecen en la película no ocurrieron frente al sacerdote que dirigió los exorcismos.

Esto nos recuerda que una cosa es la existencia documentada de un ritual religioso y otra muy distinta demostrar que hubo una posesión demoníaca.

Una película que hizo historia

El estreno de El exorcista provocó una enorme reacción entre los espectadores. Se hablaba de personas que abandonaban las salas, desmayos e incluso náuseas durante algunas proyecciones.

La película no solamente sorprendió por su temática, sino también por sus efectos especiales y su maquillaje, especialmente el trabajo de Dick Smith para transformar a Linda Blair en la aterradora Regan.

La voz del demonio fue interpretada por Mercedes McCambridge, quien consiguió crear uno de los elementos más reconocibles de la cinta.

La música también contribuyó a construir su atmósfera. El uso de composiciones contemporáneas y, especialmente, los primeros acordes de Tubular Bells, de Mike Oldfield, terminaron convirtiéndose en parte de la identidad de la película.

En 1974 recibió diez nominaciones al premio Óscar y obtuvo dos estatuillas: mejor guion adaptado para William Peter Blatty y mejor sonido.

Con el paso de los años, El exorcista se convirtió en una referencia obligada del cine de terror y demostró que no siempre es necesario mostrar monstruos para provocar miedo. A veces basta con colocar a una persona frente a algo que no puede comprender ni controlar.

Realidad y ficción: ¿dónde termina una y comienza la otra?

Es importante señalar que El exorcista no es una reconstrucción fiel del caso de 1949. Es una obra de ficción inspirada libremente en un episodio real que fue documentado por testimonios y registros religiosos.

El adolescente existió, los sacerdotes participaron en rituales de exorcismo y hubo un interés periodístico por lo sucedido. Lo que no se ha podido demostrar es que los acontecimientos fueran producto de una posesión demoníaca.

William Peter Blatty tomó aquella historia, la transformó y construyó un relato que exploraba uno de los temores más antiguos de la humanidad: la posibilidad de que algo maligno pueda apoderarse de nuestro cuerpo y nuestra voluntad.

Quizá por eso la película sigue inquietándonos tantos años después. Porque, independientemente de nuestras creencias, plantea una pregunta que resulta bastante perturbadora: ¿qué sucede cuando nos enfrentamos a algo para lo que no encontramos explicación?

Y aunque la historia real no tuvo a una pequeña Regan girando la cabeza 360 grados ni vomitando un extraño líquido verde, el caso de 1949 fue suficiente para despertar la imaginación de un escritor que terminó creando una de las películas más aterradoras de todos los tiempos.

Porque a veces la realidad no necesita ser tan espectacular como el cine para convertirse en una buena historia de terror.

Ficha cinematográfica

  • Título original: The Exorcist
  • Título en español: El exorcista
  • Año: 1973
  • País: Estados Unidos
  • Director: William Friedkin
  • Guion: William Peter Blatty
  • Reparto: Ellen Burstyn, Linda Blair, Max von Sydow, Jason Miller y Lee J. Cobb.
  • Género: Terror / Drama
  • Duración: 121 minutos (versión original de referencia)
  • Inspiración: El supuesto caso de exorcismo de 1949 conocido como Roland Doe.

Referencias:

BBC Mundo: Roland Doe, el niño que creían poseído por el diablo. Una buena reconstrucción en español.

Creighton University: La historia real del exorcismo de 1949. Incluye información sobre los sacerdotes y el diario del padre Raymond Bishop.

UCLA: The real story behind The Exorcist. Una entrevista con el investigador Henry Ansgar Kelly que cuestiona algunos de los elementos más conocidos del relato.

The Washington Post: El origen de El exorcista, 50 años después.

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