Viento Negro (1964) y El último túnel (1987): Dos retratos del esfuerzo humano en el desierto mexicano
Viento Negro (1964): Una historia de viento, trabajo y sacrificio en el desierto
Dirigida por Servando González en 1964, Viento Negro es una cinta basada en la novela El muro y la trocha, del escritor y periodista mexicano Mario Martini. El guion fue coescrito por González junto con Rafael García Travesí.
El reparto está conformado por reconocidas figuras del cine mexicano como David Reynoso, José Elías Moreno, Eleazar García, Enrique Aguilar, Roberto Cobo, Arón Hernán, Enrique Lizalde, Fernando Luján, Jorge Martínez de Hoyos, José Carlos Ruiz y Rodolfo Landa.



La historia sigue a cinco trabajadores enviados al Gran Desierto de Altar, en el estado de Sonora, con la misión de construir una vía férrea que conecte el ferrocarril del sur con el del norte de México, atravesando el árido territorio. El grupo está liderado por Manuel Iglesias (interpretado por David Reynoso), un hombre severo y aparentemente insensible, cuyo compromiso con la obra lo pone en conflicto con sus subordinados.
La llegada de un grupo de jóvenes ingenieros, entre ellos Jorge (Enrique Lizalde), hijo de Iglesias, incrementa la tensión. Aunque Manuel se muestra inflexible, es en realidad un hombre noble que sufre en silencio por la ambición desmedida de su esposa, quien lo desprecia por no haber alcanzado un título universitario y busca distanciarlo de su hijo.
Cuando se pierde contacto con un grupo de trabajadores, incluido Jorge, Manuel se rehúsa inicialmente a organizar una misión de rescate, siguiendo el protocolo de esperar órdenes del ingeniero principal. Finalmente, lidera una cuadrilla que durante días y noches recorre el desierto, solo para encontrar a los hombres muertos. Durante la ceremonia de inauguración de la unión de las vías, Iglesias se aleja silenciosamente mientras se rinde homenaje a los caídos, recordando con dolor una frase que le dijo a su amigo —también fallecido—:
«Tengo tres razones para vivir: mi hijo, partir este desierto y tu amistad.»

El título Viento Negro hace alusión a los intensos vientos que azotan la región, levantando nubes de polvo que acompañan la crudeza del trabajo en el desierto. Más allá de una tragedia, la película ofrece una mirada profunda a los riesgos, sacrificios y tensiones personales involucradas en los proyectos de modernización del México de la época.
La cinta fue muy bien recibida y ocupa el lugar número 11 en el ranking de las mejores películas mexicanas según Filmaffinity.
“Se los tragó el desierto”: Los muertos de Sonora que no recordamos
Un tren para conectar al país en pleno desierto
Durante su mandato (1934–1940), el presidente Lázaro Cárdenas impulsó una ambiciosa expansión de las vías férreas mexicanas. A través de la entonces llamada Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), se emprendió uno de los proyectos más complejos: construir una ruta ferroviaria en el desierto de Altar, en el actual municipio de Puerto Peñasco, Sonora. El objetivo era claro: conectar la península de Baja California con el resto del país e instalar un muelle estratégico en la zona.
La misión fue encomendada al personal de la SCOP, en una época en que la tecnología era aún limitada. Los trabajos se realizaban de forma rudimentaria, enfrentándose directamente al desierto sin maquinaria adecuada ni medios para enfrentar las duras condiciones del terreno. La obra era símbolo de la modernización postrevolucionaria de México, pero también un reto titánico.




Una tragedia en el desierto
Encabezando el equipo de trazado estaba el ingeniero Jorge López Collada, acompañado por los cadeneros Jesús Torres y Jesús Islas, y el conductor Gustavo Sotelo. Todos ellos serían víctimas del implacable ecosistema del desierto de Sonora.
Tras más de ocho días de búsqueda infructuosa, el 7 de julio de 1937, el Departamento de Publicidad y Propaganda anunció que aviones de la Fuerza Aérea Mexicana, comandados por el capitán Antonio Cárdenas, habían localizado rastros de huellas que indicaban que los desaparecidos intentaron llegar a la costa en busca de agua. Al día siguiente, se confirmaba la trágica noticia: los cuerpos sin vida de los cuatro hombres habían sido encontrados. El primero en ser hallado fue el de López Collada; los demás fueron localizados kilómetros más adelante, lo que sugirió que el ingeniero fue el primero en sucumbir.
López Collada tenía apenas 30 años y recién se había casado cuando fue asignado al proyecto. Los reportes climatológicos indicaban temperaturas de hasta 50°C en la región. Sin sombra, sin agua, atrapados en la arena, los hombres murieron por deshidratación y agotamiento. Se encontraban a 40 kilómetros del campamento, sin ningún punto de ayuda cercano. Se cree incluso que el viento negro —esas ráfagas de aire caliente y polvo— pudo haberlos sepultado parcialmente.
La misión de rescate involucró a pilotos de la Fuerza Aérea y al aviador estadounidense Karl Perry, experto en la zona. Tres camionetas fueron enviadas al rescate, y recibieron provisiones lanzadas desde el aire cuando el calor extremo inmovilizó los vehículos.


Una proeza con un alto costo
La construcción del ferrocarril en el desierto de Altar no solo fue una hazaña de ingeniería; también fue una declaración política. Algunos historiadores afirman que esta vía evitó que la península de Baja California fuera eventualmente anexada por Estados Unidos. La obra demostraba que México avanzaba en su modernización, aunque a costa de vidas humanas y con una infraestructura muy limitada.
Viento Negro: Del desierto a la pantalla
Décadas después, en 1964, esta historia fue llevada al cine por el director Servando González en la película Viento Negro, considerada una de las 100 mejores cintas del cine nacional. El filme dramatiza con gran fidelidad el drama vivido por los trabajadores de la SCOP, y rinde homenaje al sacrificio de quienes dieron su vida en uno de los entornos más hostiles del país.
Referencias:


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